Si alguien les pregunta por él,
díganle que quizá no vuelva nunca o que si regresa
acaso ya nadie reconozca su rostro; díganle también que no dejó
razones para nadie, que tenía un mensaje secreto, algo
importante que decirles
pero que lo ha olvidado.
Díganle que ahora está cayendo, de otro modo y en otra
parte del mundo, díganle que todavía no es feliz,
si esto hace feliz a alguno de ellos; díganle también que se fue
con el corazón vacío y seco
y díganle que eso no importa ni siquiera para la lástima o el perdón
y que ni el mismo sufre por eso,
que ya no cree en nada ni en nadie y mucho menos en el mismo,
que tantas cosas que vio
apagaron su mirada y ahora, ciego, necesita del
tacto, díganle
que alguna vez tuvo un leve rescoldo de fe en Dios, en un día de sol,
díganle que hubo palabras
que le hicieron creer en él amor y luego supo que el amor dura
lo que dura una palabra.
Díganle qué como un globo de aire perforado a tiros,
su alma fue cayendo hasta el infierno que lo vive y
que ni siquiera está desesperado y díganle que a veces piensa
que esa calma inexorable es su castigo; díganle que ignora
cuál es su pecado y que la culpa
que lo arrastra por el mundo la considera apenas otro dato del problema
y díganle que en ciertas noches de insomnio y aun en otras
en que cree haberlo soñado,
teme que acaso la culpa sea la única parte de si mismo que le queda
y díganle que en ciertas mañanas llenas de luz
y en medio de las tardes de piadosa lujuria y también
borracho de vino en noches de lluvia
siente cierta alegría pueril por su inocencia y díganle
que en esas ocasiones dichosas habla a solas.
Díganle que si alguna vez regresa, volverá con dos cerezas en sus ojos
y una planta de moras sembrada en su estómago y una serpiente
enroscada en su cuello.
Y tampoco esperará nada de nadie y se ganará la vida honradamente,
de adivino leyendo cartas y celebrando
extrañas ceremonias en las que no creerá y díganle
que se llevó consigo algunas supersticiones, tres fetiches,
ciertas complicidades mal entendidas y el recuerdo
de dos o tres rostros
que siempre vuelven a el en la oscuridad
y nada.
DARÍO JARAMILLOAGUDELO (1947- )
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