Soñé que despertabas con un agujero enorme en el pecho
y tú y yo mirábamos la luna como perros con la lengua afuera.
Nos dábamos amor mutuamente porque de alguna manera era el fin de las cosas viejas
y era el amor más puro que la leche de María Antonieta.
Era un gesto propio de algunos mamíferos solitarios
que encuentran a sus pares de pronto y nadan felices en el río.
Una nube de humo salía de tu pecho y contaminaba la capa de ozono.
Cuando moríamos, nuestros cuerpos eran examinados por estudiantes de medicina con mascarillas
para no contraer el mal.
K.C