Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más
amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía
incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un
colibrí entre mi cuarto, como muchas madrugadas de mi
infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas
con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sabor maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo eso que soy yo y que ya no es mío?
D.J.A
martes, 13 de diciembre de 2011
Arte poética una
Uno debería aprovechar la poesía
para hablar mal de la familia;
burlarse un poco del Edipo,
destrozar con ironías a todas las tías del mundo:
la que quiso que aprendieras guitarra,
la que te hizo recitar en las visitas,
la que te recomendó las vitaminas,
la que te regalaba galleticas hechas en casa.
Uno debería utilizar el poema para hablar horrores de los amigos:
de uno que tiene el alma seca,
de otro que se engordó y tiene dos hijos naturales
y algún día les dará su apellido,
del que se acuesta con la mujer que te gusta,
del que te llama a medianoche,
del otro, que tiene mal gusto y además es moralista.
Uno debería aprovechar la poesía. Pero no.
D.J.A
para hablar mal de la familia;
burlarse un poco del Edipo,
destrozar con ironías a todas las tías del mundo:
la que quiso que aprendieras guitarra,
la que te hizo recitar en las visitas,
la que te recomendó las vitaminas,
la que te regalaba galleticas hechas en casa.
Uno debería utilizar el poema para hablar horrores de los amigos:
de uno que tiene el alma seca,
de otro que se engordó y tiene dos hijos naturales
y algún día les dará su apellido,
del que se acuesta con la mujer que te gusta,
del que te llama a medianoche,
del otro, que tiene mal gusto y además es moralista.
Uno debería aprovechar la poesía. Pero no.
D.J.A
lunes, 12 de diciembre de 2011
Así
A estas alturas rodando
literalmente rodando
asumo mi destino,
araño cielos, tiento paraísos,
busco la clave que me traspase,
sin buscarla la busco,
la llave es un torso, un gesto,
la sonrisa de un amor imposible
o de otro amor imposible.
Los amores imposibles
-es tan evidente que siempre lo olvido-
son partes de ese mundo imposible
que es mi mundo verdadero.
D.J.A
literalmente rodando
asumo mi destino,
araño cielos, tiento paraísos,
busco la clave que me traspase,
sin buscarla la busco,
la llave es un torso, un gesto,
la sonrisa de un amor imposible
o de otro amor imposible.
Los amores imposibles
-es tan evidente que siempre lo olvido-
son partes de ese mundo imposible
que es mi mundo verdadero.
D.J.A
domingo, 4 de septiembre de 2011
Para mirarte mejor
Aunque te aceche con las mismas ansias, rondando siempre tu esquina, hoy no podríamos reconocernos como antes. Tú ya no usas esa capita roja que causaba revuelos cuando pasabas por la feria del Parque Forestal, hojeando libros o admirando cuadros, y yo no me atrevo ni a sonreírte, con esta boca desdentada.
Juan Armando Epple
Juan Armando Epple
viernes, 12 de agosto de 2011
La infinita
Ves estas manos? Han medido
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuanto te recorren
a ti, pequeña,
grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarte,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y su racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.
Pablo Neruda
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuanto te recorren
a ti, pequeña,
grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarte,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y su racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.
Pablo Neruda
sábado, 7 de mayo de 2011
Geografia
"Eres libre" -dijiste.
Yo te miré en silencio
con la expresión absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.
"Puedes ir donde quieras"-dijiste.
Y de repente encogieron los mapas,
no hubo puertas abiertas,
una goma invisible
borró todas las calles
y entonces fue el dolor un camino sin tierra y sin orillas.
I.S.C
Yo te miré en silencio
con la expresión absurda
de esas viejas muñecas
que se pierden un día
tras haberse arrastrado
por todos los caminos
sin rumbo de la infancia.
"Puedes ir donde quieras"-dijiste.
Y de repente encogieron los mapas,
no hubo puertas abiertas,
una goma invisible
borró todas las calles
y entonces fue el dolor un camino sin tierra y sin orillas.
I.S.C
jueves, 17 de marzo de 2011
Infielmente tuyo
Querida Karen
Si estás leyendo esto, significa que he encontrado el valor para mandártelo. Por lo tanto, bien por mí.
No me conoces muy bien pero me has hecho empezar. Tengo tendencia a seguir y seguir sobre qué dificil es escribir para mi, pero, esto es lo más difícil que he tenido que escribir.
No hay manera fácil de decir esto, así que simplemente lo diré.
Conocí a alguien. Fue un accidente. No lo estaba buscando. De verdad.
Fue una tormenta perfecta. Ella decía una cosa. Yo decía otra. La siguiente cosa que supe es que quería pasar el resto de mi vida en medio de esa conversación.
Ahora tengo este sentimiento en mis entrañas. Podría ser ella. Está completamente loca y me hace reir como un loco.
Ella eres tú. Esas son las buenas noticias.
La mala es que no sé como estar contigo ahora. Y eso me asusta mucho.
Porque si no estoy contigo, siento que me pierdo. El mundo es malo y grande, lleno de curvas y giros y la gente tiene una manera de teletransportarse y perderse el momento el momento que puede cambiado todo.
No sé lo que está pasando entre nosotros, y no puedo decirte por qué deberías desperdiciar un acto de fé en alguien como yo, pero ostia, hueles bien y haces un café excelente eso tiene que contar para algo, ¿verdad?.
Llámame.
Infielmente tuyo
Hank Moody
Si estás leyendo esto, significa que he encontrado el valor para mandártelo. Por lo tanto, bien por mí.
No me conoces muy bien pero me has hecho empezar. Tengo tendencia a seguir y seguir sobre qué dificil es escribir para mi, pero, esto es lo más difícil que he tenido que escribir.
No hay manera fácil de decir esto, así que simplemente lo diré.
Conocí a alguien. Fue un accidente. No lo estaba buscando. De verdad.
Fue una tormenta perfecta. Ella decía una cosa. Yo decía otra. La siguiente cosa que supe es que quería pasar el resto de mi vida en medio de esa conversación.
Ahora tengo este sentimiento en mis entrañas. Podría ser ella. Está completamente loca y me hace reir como un loco.
Ella eres tú. Esas son las buenas noticias.
La mala es que no sé como estar contigo ahora. Y eso me asusta mucho.
Porque si no estoy contigo, siento que me pierdo. El mundo es malo y grande, lleno de curvas y giros y la gente tiene una manera de teletransportarse y perderse el momento el momento que puede cambiado todo.
No sé lo que está pasando entre nosotros, y no puedo decirte por qué deberías desperdiciar un acto de fé en alguien como yo, pero ostia, hueles bien y haces un café excelente eso tiene que contar para algo, ¿verdad?.
Llámame.
Infielmente tuyo
Hank Moody
lunes, 14 de marzo de 2011
El otoño del patriarca (fragmento)
... no podía concebir el mundo sin el hombre que me había hecho feliz a los doce años como ningún otro lo volvió a conseguir desde las tardes de hacía tanto tiempo en que salíamos de la escuela a las cinco, y él acechaba por las claraboyas del establo a las niñas de uniforme azul de cuello marinero y una sola trenza en la espalda pensando madre mía Bendición Alvarado cómo son de bellas las mujeres a mi edad, nos llamaba, veíamos sus ojos trémulos, la mano con el guante de dedos rotos que trataba de cautivarnos con el cascabel de caramelos del embajador Forbes, todas corrían asustadas, todas menos yo, me quedé sola en la calle de la escuela cuando supe que nadie me estaba viendo y traté de alcanzar el caramelo y entonces él me agarró por las muñecas con un tierno zarpazo de tigre y me levantó sin dolor en el aire y me pasó por la claraboya con tanto cuidado que no me descompuso ni un pliegue del vestido y me acostó en el heno perfumado de orines rancios tratando de decirme algo que no le salía de la boca árida porque estaba más asustado que yo, temblaba, se le veían en la casaca los golpes del corazón, estaba pálido, tenía los ojos llenos de lágrimas como no los tuvo por mí ningún otro hombre en toda mi vida de exilio, me tocaba en silencio, respirando sin prisa, me tentaba con una ternura de hombre que nunca volví a encontrar, me hacía brotar los capullos del pecho, me metía los dedos por el borde de las bragas, se olía los dedos, me los hacía oler, siente, me decía, es tu olor, no volvió a necesitar los caramelos del embajador Baldrich para que yo me metiera por las claraboyas del establo a vivir las horas felices de mi pubertad con aquel hombre de corazón sano y triste que me esperaba sentado en el heno con una bolsa de cosas de comer, enjugaba con pan mis primeras salsas de adolescente, me metía las cosas por allá antes de comérselas, me las daba a comer, me metía los cabos de espárragos para comérselos marinados con la salmuera de mis humores íntimos, sabrosona, me decía, sabes a puerto, soñaba con comerse mis riñones hervidos en sus propios caldos amoniacales, con la sal de tus axilas, soñaba con tu orín tibio, me destazaba de pies a cabeza, me sazonaba con sal de piedra, pimienta picante y hojas de laurel y me dejaba hervir a fuego lento en las malvas incandescentes de los atardeceres efímeros de nuestros amores sin porvenir, me comía de pies a cabeza con unas ansias y una generosidad de viejo que nunca más volví a encontrar en tantos hombres apresurados y mezquinos que trataron de amarme sin conseguirlo en el resto de mi vida sin él,...
Gabriel Garcia Marquez
Gabriel Garcia Marquez
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